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ZONA DE DESCANSO

Por Dave Gomez.

En el centro del miedo está la necesidad de control (o sea, la ausencia del mismo), y existe una relación compleja entre la percepción de control y la experiencia del miedo.(v.g., menos control, más miedo; total control, paranoia). Para ilustrarlo gráficamente, esta es la fantasía:

Donde la noción de una relación inversa entre control y miedo nos lleva a pensar que, si controlamos la situación, tendré paz o ausencia de miedo, y viceversa (+ control = – miedo). Esto tiene mucho sentido al principio. Sin embargo, está el muchacho que maneja el vehículo más seguro que le pueden dar sus padres y vive en el sector más seguro de Pasadena y aún así perece estrellándose contra un poste, en camino a casa. Luego está la joven que sirve a necesitados en sectores marginales e infestados de crímenes, y no le ha pasado nada (ambos casos conocidos). Esto tiene un elemento paradójico no fácilmente explicable, pero que nos lleva a hacer preguntas existenciales y ultimadamente espirituales acerca de la vida.

Mi modelo es que la realidad sobre la relación miedo/control está mejor entendida de la siguiente manera:

Donde la persona con control absoluto de la situación, realmente tiene miedo a perderlo y por lo tanto quiere eliminar cualquier desafío a su control. Esto lo vemos en las biografías de todos los tiranos de la tierra. También lo encontramos en todas las familias disfuncionales. Pero también está la otra polaridad donde la persona tiene un sentido de desesperanza aprendida porque se percibe totalmente impotente. En este modelo, el miedo está controlado con un sentido sobrio de la realidad donde no somos ni impotentes, ni tiranos.

El principio es que uno puede controlar solo sus reacciones a la percepción de peligros en el medio ambiente, entendiendo que la mayoría de las cosas que tememos nunca suceden. Ahora bien, eso no quiere decir que no hay peligros reales y tampoco implica que no vamos a sentir miedo cuando nos sintamos fuera de control.

Los peligros a familiares son reales, sobre todo cuando están en una situación caótica. De eso no hay duda. Como padre, yo sé lo que es eso. Pero, ¿qué podemos hacer para enfrentar el miedo por la seguridad de nuestra familia? Estas ideas son parte de mi diálogo sobre el tema:

Debo hacer todo lo que está a mi alcance para ayudar. Esto significa apoyo con recursos, apoyo moral, apoyo espiritual, y acompañamiento con el uso de la tecnología a mis familiares lejanos, donde sea posible.

Debo aceptar que ellos tienen responsabilidad por su seguridad y puedo revisar, aclarar o facilitar estrategias para que ellos tomen decisiones informadas sobre su seguridad. Pero ellos son los responsables. No importa lo que me preocupe, no habré cambiado su situación ni un milímetro. La cambiaré menos si pretendo que mi preocupación refleja mi responsabilidad por su situación.

Debo aceptar mis limitaciones. Una de ellas es la distancia. La otra es que no tengo control de lo que les pase o pueda pasar. La mayoría de las cosas que temía que les iban a suceder, no han sucedido.

Si lo que motiva mi miedo es el remordimiento o la culpa, entonces debo preguntarme honestamente, ¿qué es lo que realmente cambiaría la situación y cómo logro que eso suceda? Hago un plan de acción en comunicación con los familiares y trabajo arduamente hasta conseguirlo.

Finalmente, podemos usar recursos espirituales poderosos, como la oración. Siendo padre de tres, no me queda otra que interceder por ellos todos los días. Mi hija acaba de regresar de un viaje por tres continentes donde estuvo nadando con tiburones (literalmente), haciendo bungee jumping, y visitando lugares recónditos e inhóspitos. Ahora de regreso, enfrentará otros tiburones… El punto es que yo he aprendido que no tengo control, pero puedo confiar en un Poder Mayor, en Dios, que sí tiene el control.




MIEDO Y CONTROL

una ausencia de miedo, y viceversa (+ control = – miedo). Esto tiene mucho sentido al principio. Sin embargo, está el muchacho que maneja el vehículo más seguro que le pueden dar sus padres y vive en el sector más seguro de Pasadena y aún así perece estrellándose contra un poste, en camino a casa. Luego está la joven que sirve a necesitados en sectores marginales e infestados de crímenes, y no le ha pasado nada (ambos casos conocidos). Esto tiene un elemento paradójico no fácilmente explicable, pero que nos lleva a hacer preguntas existenciales y ultimadamente espirituales acerca de la vida.

Mi modelo es que la realidad sobre la relación miedo/control está mejor entendida de la siguiente manera:

Donde la persona con control absoluto de la situación, realmente tiene miedo a perderlo y por lo tanto quiere eliminar cualquier desafío a su control. Esto lo vemos en las biografías de todos los tiranos de la tierra. También lo encontramos en todas las familias disfuncionales. Pero también está la otra polaridad donde la persona tiene un sentido de desesperanza aprendida porque se percibe totalmente impotente. En este modelo, el miedo está controlado con un sentido sobrio de la realidad donde no somos ni impotentes, ni tiranos.

El principio es que uno puede controlar solo sus reacciones a la percepción de peligros en el medio ambiente, entendiendo que la mayoría de las cosas que tememos nunca suceden. Ahora bien, eso no quiere decir que no hay peligros reales y tampoco implica que no vamos a sentir miedo cuando nos sintamos fuera de control.






Los peligros a familiares son reales, sobre todo cuando están en una situación caótica. De eso no hay duda. Como padre, yo sé lo que es eso. Pero, ¿qué podemos hacer para enfrentar el miedo por la seguridad de nuestra familia? Estas ideas son parte de mi diálogo sobre el tema:

Debo hacer todo lo que está a mi alcance para ayudar. Esto significa apoyo con recursos, apoyo moral, apoyo espiritual, y acompañamiento con el uso de la tecnología a mis familiares lejanos, donde sea posible.

Debo aceptar que ellos tienen responsabilidad por su seguridad y puedo revisar, aclarar o facilitar estrategias para que ellos tomen decisiones informadas sobre su seguridad. Pero ellos son los responsables. No importa lo que me preocupe, no habré cambiado su situación ni un milímetro. La cambiaré menos si pretendo que mi preocupación refleja mi responsabilidad por su situación.

Debo aceptar mis limitaciones. Una de ellas es la distancia. La otra es que no tengo control de lo que les pase o pueda pasar. La mayoría de las cosas que temía que les iban a suceder, no han sucedido.

Si lo que motiva mi miedo es el remordimiento o la culpa, entonces debo preguntarme honestamente, ¿qué es lo que realmente cambiaría la situación y cómo logro que eso suceda? Hago un plan de acción en comunicación con los familiares y trabajo arduamente hasta conseguirlo.

Finalmente, podemos usar recursos espirituales poderosos, como la oración. Siendo padre de tres, no me queda otra que interceder por ellos todos los días. Mi hija acaba de regresar de un viaje por tres continentes donde estuvo nadando con tiburones (literalmente), haciendo bungee jumping, y visitando lugares recónditos e inhóspitos. Ahora de regreso, enfrentará otros tiburones… El punto es que yo he aprendido que no tengo control, pero puedo confiar en un Poder Mayor, en Dios, que sí tiene el control.